Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá. Sala Civil. Junio 20 de 1994. Sentencia en Proceso Ejecutivo de Beatriz Luque Vs. Universitas y otros. Magistrado Ponente: César Julio Valencia Copete.

“En virtud del principio de literalidad de que están impregnados los títulos valores, nacido de la misma definición que de éstos da el artículo 619 del C. de Comercio, dícese que quienes acuden a esta especie de documentos para celebrar sus negocios jurídicos deben ajustarse, con estrictez, a las menciones y requisitos que para su elaboración prevé la ley, correspondiéndoles también observar minuciosamente que los actos sobre los mismos contengan tales menciones o requisitos, so pena de que, como lo prevé el artículo 620 ibídem, el título o el acto no produzca efecto alguno.

Uno de los tantos actos que pueden ejercerse en torno a un documento de esta especie consiste en transmitirlo, lo que, tratándose de títulos que tengan como forma de circulación “a la orden”, se logra “por endoso y entrega” de ellos (art. 651), sin que le sea dable al tenedor alterar, motu propio, esta forma de transferencia sin el consentimiento de su creador (art. 630), por supuesto que para cada una de las vías por medio de las cuales se negocian se establece así mismo distintas formalidades que, de no ser observadas, conducen a que no pueda tenerse a su poseedor como tenedor legítimo.

En desarrollo del principio en mención, ha de decirse ahora que como a términos del artículo 656 de la ley comercial el endoso puede hacerse en propiedad, en procuración o en garantía, acerca del primero basta la sola firma más su entrega, en cuyo caso, sin ningún otro requisito adicional, se entiende que se ha transferido el documento junto con el derecho que se incorpora y sus accesorio, mientras que, sobre los dos últimos, únicamente ante la inserción de las respectivas cláusulas es como se entienden limitados algunos de los efectos propios del endoso pleno.

La nociones así esbozadas están encaminadas, de una parte, a poner de presente que, tratándose de títulos a la orden, para que se cumpla la función legitimadora y de transferencia del documento basta con que dentro del título o en hoja adherida a él inserte el endosante su firma.

La firma así impuesta y, desde luego, la consiguiente entrega de la totalidad del bien al endosatario, son entonces los únicos requisitos que la ley exige para la existencia del endoso en propiedad, es decir, para transferirlo válidamente a éste con todos los derechos principales y accesorios.

Por otro lado, estos razonamientos están encaminadas a demostrar que la sola firma, en la forma como la ley la entiende, ha de considerarse, sin más requisitos, como revestida de suficiente autenticidad, de suerte que quien pretenda desvirtuar la certeza acerca de la persona a quien se le atribuye haber firmado, suscrito o elaborado el título, corre entonces con la carga de acreditar fehacientemente en contrario la presunción legal que el derecho probatorio le otorga. ”

 
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